3 de septiembre de 2026

Recordando el Decreto 1772/91.

Estimados colegas, hoy es un día para recordar y voy a empezar uniendo dos fechas simbólicas:

 

02 09 1941 Día de la Industria Nacional en homenaje a un contrabando de 1587.

03 09 1991 Día de la destrucción de la Marina Mercante Nacional, Decreto 1772/91. Hace 35 años.

 

El 03 de septiembre de 1991 el Secretario General de un Gremio Marítimo presentaba el Decreto 1772 redactado por un Armador y a pedido de los Armadores Privados.

 

El Día anterior fue el Día de la Industria Nacional, que reconoce a un “contrabando” marítimo como día para recordar a nuestra industria. Esto aconteció en 1587 y salvando las distancias podría ser que el Decreto 1772 se inscribe en el mismo derrotero de aquellos armadores contrabandistas (*).

 

Tal vez sería un buen ejercicio de memoria, que determinemos como Día de Duelo de la Marina Mercante el 03 de septiembre, para que al menos una vez al año sea un tema de discusión y nadie olvide nuestra historia reciente.

 

El Decreto 1772 de 1991 era la frutilla del postre que el Presidente Menem daba a los Industriales y que los Armadores argentinos de aquella época, creían que era para ellos.

 

Ahora en este 2026 la historia pretende repetirse de una manera mas brutal.

 

Para la fecha del decreto (1991) los Armadores Privados venían de una larga campaña de propaganda tratando de fagocitarse (aquí la palabra fagocitarse es un subterfugio para no ser grosero) a ELMA. En realidad se lo estaban robando a zarpazos. Algunos viejos colegas tal vez recuerden al CEMARFLU, que fue durante la presidencia de Alfonsín el primer intento serio de desguazar a ELMA. Fracasaron en cuanto a quedarse con todo, pero avanzaron sobre porcentajes importantes de los fletes cautivos de ELMA, que en esos años tenía 52 barcos, el máximo número de buques operativos de su flota, y junto a las flotas de YPF, STN (Transportes Navales) e YCF (Yacimientos Carboníferos Fiscales) daban la mayor cantidad de buques, toneladas y con un promedio de edad menor a la flota privada.

 

En pocos meses desaparecieron más de 80 barcos pertenecientes a las diferentes empresas estatales y otros tantos de empresas privadas. En aquella época la flota estaba perfectamente consolidada en lo comercial, con personal de largos años y con un buen andamiaje de leyes, decretos y acuerdos comerciales  que la sostenían, aun así fue suficiente un simple decreto para destruirla en pocos meses.

 

Aquellos armadores pensaban que podían reemplazar esa poderosa flota estatal y quedarse con los fletes, pero no se daban cuenta que no era lo mismo el Estado Nacional que las grandes empresas navieras internacionales. Una cosa es el flete cautivo y otra es la real competencia.

 

Aquellos Armadores Privados no imaginaban que eran solo una pieza intermedia de los grandes Industriales, los grandes Importadores y Exportadores, los grandes ganadores que no quieren saber nada de buques con bandera argentina.

 

Estos sectores no querían (no quieren) la existencia de una Marina Mercante Nacional. Para ellos, todo se resume en ganancias y pérdidas, da lo mismo un argentino o un asiático, cuando más barato mejor. Nosotros somos caros, y siempre lo fuimos. Lo mismo ocurre con cualquier profesional calificado de cualquier parte del mundo.

 

Quizás uno de los pocos que tenía la “justa” era el Presidente de la Cámara naviera de esa época, Pedro Fox que se opuso a los delirios de sus colegas armadores y eso originó la fractura e inmediata desaparición de esa Cámara.

 

Luego surge una nueva Cámara con un nuevo Presidente. Este último fue el primer funcionario de Menem en el área marítima y sigue siendo una de las voces cantantes de nuestros días que Uds. pueden ver en muchas fotos con los nuevos/viejos dirigentes sindicales, y a reconocido que el autor del 1772.-

 

Estimados compañeros de la aventura marítima, es bueno cada tanto recordar, analizar, discutir y también escribir aun con olvidos, errores y hasta ofensas, porque lo vivido también fue una ofensa y deberia ser un elemento de continuo debate.

 

Quienes se incorporaron a la actividad en las últimas décadas, deben tener en cuenta que cuando hablamos de banderas de conveniencias en los 90, no estamos diciendo con “tratamiento argentino”. En ese periodo no había convenios y las leyes aplicables eran las de las banderas de los buques. Y cuando decimos que desapareció la flota  es porque se cambio la bandera y fuimos reemplazados por extranjeros. Y las pocas empresas que quedaron, fueron exprimiendo al máximo a los que podían conseguir un relevo. Sin horas extras, sin límites en las tareas a bordo, sin recibos de sueldos, con periodos de embarques y francos arbitrarios y una larga lista de calamidades. Embarques de 6, 8 meses y 2 meses de franco sin sueldos.

 

Todo empezó durante la dictadura del 76 al 83, cuando desguazaron y destruyeron a la Flota Fluvial del Estado que tenía más de 200 embarcaciones. En su momento fue como una prueba piloto.

 

Lo que nunca pensábamos que podía pasar, sucedió. Ya desapareció una Marina Mercante delante de nuestras narices, y justamente por eso debemos recordar nuestra historia de los últimos 40 años.

 

Por eso más allá de mis análisis que pueden o no coincidir, pienso que es imprescindible recordar y comentar a los nuevos colegas de estas ruinosas experiencias. Se sabe que si no se tiene claro y fresco el pasado, es más fácil de que se repita.


 

(*) El día de la Industria se puede visualizar en la dirección:  

El historiador

 

También se lo puede encontrar casi con las misma palabras en un libro de Jorge Lanata.


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