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3 de marzo de 2012

Cuentos y relatos del mar. Introducción: Agradecimientos. Ricardo Garín.





           Comentario:  Ricardo Garín, el autor de este libro es un Jefe de Maquinas en actividad. Como navegante enamorado de su profesión primero nos deleita con una descripción de una Sala de Maquinas donde los fierros asoman como una poesía. A continuación una historia de navegantes. EL ESCORPIÓN.

 

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Agradecimiento:



Este modesto libro, cuyo valor literario desconozco, no es más que una recopilación de historias adaptadas según mi criterio después de tantos años de navegación en las que he sido testigo por presencia o por conocimiento. Eran papeles desordenados que estaban en el cajón del olvido. Jamás habrían salido a la luz si no fuera por un duende. Un duende que me acompaña desde mi juventud, desde que era cadete de la Escuela de Náutica. Es el duende que le dio sentido y sustancia a esta vida de ausencias y reencuentros y que me rescata una y otra vez de la penumbra. Fue su mano, y no otra, la que puso estos papeles en manos del editor para darle forma a este incordio, sin que yo lo supiera, como un acto más de su inagotable amor. Por eso quiero agradecerle a ese Duende que lo he dado en llamar Qk, también conocida como Mora, pero que su nombre es Graciela y es el amor de toda mi vida
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Ricardo Garín 

Continúa en:  Cuentos y relatos del mar. 1er Parte.  El Escorpión I 

25 de febrero de 2012

Cuentos y relatos del mar. 1er Parte. El Escorpión I. Ricardo Garin

Prológo

El hombre, como se lo concibe desde el Homo Erectus ha evolucionado dentro de ciertos parámetros: hábitat terrestre, nómades o sedentarios, cazadores o recolectores, se fue arraigando a comunidades o grupos. Es un ser social básicamente prolífico, creador y con conciencia de grupo.


Sin querer entrar en un estudio antropológico, para el cual no estoy ni mínimamente preparado, estimo que el ser humano ha progresado como especie transitando por aquellos patrones y algunos más que escapan a mi dominio. Pero, es dado reconocer que la especie humana se caracteriza por la heterogeneidad. La curiosidad, el afán irresistible de querer ir más allá, la sed de conocimiento, la ambición de conquista, el designio intrínseco de querer incursionar y dominar en todos los terrenos; han llevado al hombre a bifurcarse una y mil veces, a diversificarse. Es así que merced a su tenacidad y capacidad de adaptación, ha podido habitar todos los rincones de este planeta.

18 de febrero de 2012

Cuentos y relatos del mar. 2da Parte. El Escorpión II. Ricardo Garín


Allá iba por el Atlántico, ese artefacto técnicamente tan concreto, ingenio de maquinarias y sistemas precisos, tan ponderable. Ese animal de acero con forma de escorpión, alma de tiburón y corazón de atleta. Pero a la vez tan efímero e insignificante, tan poco real, casi inexistente en medio de semejante vastedad.


Me encontraba sentado en un taburete del puente de mando, tomando mate con el “Polaco”. Eran los primeros mates que compartíamos después de los días de temporal, y en verdad lo estábamos disfrutando; eran las 6 de la mañana. Hablábamos de lo acertado en la elección de la tripulación. Los capitanes modernos ya no son los de antes, las nuevas formas de comunicación y los Agentes Marítimos atentaron contra las atribuciones que tenían en otras épocas, en aquellas épocas románticas, cuando eran dueños y señores de los barcos a su mando, que decidían el destino y lucro de las cargas. Ahora, casi devenidos en empleados jerárquicos, a veces pueden elegir su propia tripulación, siempre poniéndose de acuerdo con la Oficina de Personal de la empresa, como fue en este caso. Yo como Jefe de máquinas de su confianza, creo haber elegido bien a mis hombres para el viaje.


11 de febrero de 2012

Cuentos y relatos del mar. 3ra Parte . El Escorpión III. Ricardo Garin

I.     EL ESCORPIÓN 3ra PARTE


El trayecto desde el muelle antiguo hasta el astillero demandó un par de horas. Fue una navegación por los canales y brazos de ese delta inextricable al mando de un Práctico local. Al llegar al lugar, el Polaco se hizo cargo de la maniobra y puso al Escorpión a segunda andana del Derby “como con la mano”, como siempre.


Inmediatamente comenzamos los trabajos de preparación del Derby para su remolque. Ese mismo día conocimos al tercer y último hombre no negro de aquella estadía. Se llamaba Carlson, y por supuesto, era inglés.


Mr. Carlson era el inspector de la compañía aseguradora que cubriría al Derby durante el remolque a Río de Janeiro. Técnicamente, su función en aquel caso, se denomina “Salvage Survey”. Básicamente debía comprobar que el Remolcador este dotado técnicamente y que su tripulación sea apta para el trabajo, contando con el entrenamiento y el conocimiento necesarios. En fin, “que se tomen todas las precauciones y se realicen todas las contingencias y trabajos necesarios acorde a las artes para que el fin sea alcanzado con total seguridad”. En otras palabras, para darle cierta garantía a su compañía de que no tenga que pagar lo que no vale el Derby, si se perdiera en el medio del mar durante su traslado.


5 de febrero de 2012

Cuentos y relatos del mar. “El flaco”. Ricardo Garin

II  "El Flaco"

El cura párroco de la pequeña ciudad entrerriana de La Paz a orillas del Rio Paraná, comenzó a quitarse sus austeros atuendos para el santo oficio en el cuarto contiguo a la sacristía. Era domingo y había terminado de dar La Misa de Gallo. Se sentía algo cansado. Por eso experimentó cierto fastidio cuando escuchó que le golpearon la puerta. Al abrir, se encontró con un hombre bajo y calvo, su rostro le parecía familiar, pero no terminaba de descifrarlo.


—Disculpe Padre…


—Si, ¿puedo ayudarte en algo?


—Mire, me llamo Pedro, soy el marido de Clara…


—Ah si, Clara. Ahora te ubico. Tu mujer es una santa. Jamás falta a misa y además colabora siempre con la parroquia. Pero vos… vos no aparecés nunca.


—Si, ya sé Padre No me rete. No he sido un buen creyente. Pero no jorobo a nadie ¿vio?... Soy un pobre jubilado…


4 de febrero de 2012

Cuentos y relatos del mar. “El gringo”. Ricardo Garin

III "El gringo"

No hay partida más ardua que la que se juega con El. No hay mano más desoladora que la última. Un jugador.


“Rotterdam, 15 de enero:


Querida familia, desde ya que los quiero y los extraño a todos. De la navegación tengo poco que contarles. Sólo que, como de costumbre, en el Golfo de Vizcaya pasamos por un temporal despiadado, como es de esperarse en esta época. No veíamos la hora de llegar a Chesburg y entrar en el canal de Kiel para tener un poco de paz. Pero los problemas empezaron ni bien entramos a puerto. ¿Se acuerdan del Gringo? El electricista de a bordo, el que les conté que juega tan bien al póker?”


En esto deben tener razón, pero no estoy seguro. Fue todo tan vertiginoso. Creí ver toda mi vida en un instante. Ahora no sé si la soñé o acabo de vivirla. Y aún sigo sintiendo ese miedo…


Pero el ardor en el pecho desapareció. También el sofoco…, ese sofoco interminable Y el sabor dulzón en mi boca. Sólo me quedó el frío, este frío persistente…


28 de enero de 2012

Cuentos y relatos del mar. IV “El tren a Southport”. Parte I. Ricardo Garin

Aníbal se levantó de la cama despaciosamente, con una pesadez profunda. El reloj despertador había sonado hacía veinte minutos, a las seis y diez, como todos los días. Le dolía la cabeza y tenía ese sabor amargo en la boca, la lengua pastosa; pensó que tendría un aliento terrible. Había bebido un poco más de lo habitual.


Abrió el cajón de la mesa de luz, semi dormido buscó el sobre de aspirinas entre pañuelos, monedas, papeles y algún preservativo. Detuvo la mirada en las fotos que estaban debajo del vidrio de la mesa de luz. Cuando miró la foto de Damián montado en su triciclo, pensó una vez más en lo caprichoso que había sido su destino. Ahora que no navega más desde hace dos años, no puede tener a su hijo cerca, como siempre lo deseó en esas prolongadas ausencias de sus viajes. Desde su tormentoso divorcio con Cristina, sólo lo ve los fines de semana o algún otro día cuando lo va a buscar a la salida de la escuela. La foto que está al lado le provoca, como tantas veces, un escozor que le recorre la columna vertebral y se desgrana en la nuca. Él y Julián abrazados, atrás la pared de ladrillos marrones de la Escuela Náutica. Los uniformes y las gorras radiantes, blancos, como los dientes que se dejaban ver detrás de la sonrisa franca de Julián, esa sonrisa infalible que lo ponía al resguardo de toda tristeza, hasta aquellos días en que ese dolor profundo la fue borrando, desdibujándola para siempre.

21 de enero de 2012

Cuentos y relatos del mar. IV “El tren a Southport”. Parte II y final. Ricardo Garin

Ahora su vida era una meseta. No había emociones, ni siquiera cuando llegaba al orgasmo con alguna mujer que lograba, de vez en cuando, meter en su cama. No sabía cuanto tiempo había pasado, miró hacia afuera y había algo de claridad. El transito era pesado a esa hora., Acomodó de nuevo el asiento, dejó abierto el techo corredizo y le dio arranque al auto. Sentía un ardor en los ojos muy fuerte, los había tenido cerrados todo el tiempo que había estado recordando y ahora le molestaban.


Le costó algo más de cuarenta minutos llegar al Plaza Hotel. No sabía donde dejar el auto, la calle era un infierno de autos y colectivos. Después de dar una vuelta, decidió embocarlo de nuevo por la entrada de huéspedes, puso las balizas y bajó rápido. Atravesó la puerta de madera y bronce bruñido, como una exhalación. Se acercó a la recepción con su aspecto deplorable.

14 de enero de 2012

Cuentos y relatos del mar. V “TERESA”. Ricardo Garin


(La insoportable levedad del ser) 


EL CUERPO Y EL ALMA



“No era la vanidad lo que atraía a Teresa al espejo, sino el asombro de ver su propio yo. Se olvidaba que estaba viendo el tablero de instrumentos de sus mecanismos corporales. Le parecía ver su alma que se le daba a conocer en los rasgos de su cara. [ ]…aquel era un momento de embriaguez: el alma salía a la superficie del cuerpo como cuando los marinos salen de la bodega, ocupan toda la cubierta, agitan los brazos hacia el cielo y cantan”.


No hay demasiadas cosas que se puedan hacer en un barco a medianoche cuando se encuentra fondeado en el Mississippi.


Una de esas cosas podría ser salir a cubierta y mirar apaciblemente las luces de New Orleans. O servirse un whisky en la penumbra del salón de Oficiales y pensar en Teresa solitariamente.


7 de enero de 2012

Cuentos y relatos del mar. VI “ABE” Parte I. Ricardo Garin


Ese lunes de febrero la terminal de micros de Gualeguaychú estaba particularmente agitada. Mientras un grupo de porteños con cañas de pescar plegadas y sus cajas con adminículos de pesca no paraban de hablar, en un banco de madera , una anciana vestida austeramente con un atuendo rural que parecía de otra época se perdía con la mirada en el vacío. Sus ojos azules y su cabello nevado le daban ese inequívoco rasgo germánico o sajón. La que estaba a su lado seguramente era su hija, sus ojos azules, grises de hielo la delataban. A su alrededor pululaban tres o cuatro críos de diferentes tamaños, todos con cabellos de trigo. Era casi seguro que iban a despedir a su anciana abuela que fue a pasar el fin de semana al pueblo. Allá en la aldea, un viejo longilíneo seguramente la esperaría en el cruce de la ruta donde para el micro y la llevaría en el sulky o en la chata de regreso a las casas.


La chica de mochila verde, Jeans gastados y cabellos recogidos en una colita podría ser la hija de un doctor o próspero comerciante, a juzgar por el lujoso auto último modelo que la trajo a la terminal. Estaba sola, nadie se había quedado a despedirla. La persona que manejaba el auto había hecho un gesto con la mano para luego subir el cristal eléctrico hasta una altura que sólo dejaba ver ,apenas, una cabeza calva.

31 de diciembre de 2011

Cuentos y relatos del mar. VI “ABE” Parte II y final


Cuando el Padre Sergio lo despertó, estaba luchando por salir de un sueño tormentoso , no sabía bien de que se trataba la pesadilla que lo torturó toda la noche, sólo recordaba el rostro de su padre, tal cual lo había visto por última vez ene le ataúd. Una calavera con pellejo aceitunado, las ojeras violetas, los labios mustios entreabiertos con sus comisuras hacia abajo y el gesto de la muerte, de la rendición total. Esta vez los ojos de la calavera miraban , tenían vida , una mirada de profunda turbación. Dos lágrimas corrían por las mejillas resecas. No podía ver el resto del cuerpo, sólo el busto. Observó que los hombros fuertes y los pectorales levantados no se condecían con la cara, era parte del cuerpo curtido y fuerte que tenía su padre en otra época, cuando acarreaba las bolsas de alimento balanceado al criadero de pollos con el torso desnudo y tostado por el sol. Uno de los brazos con el bíceps hinchado , se le levantaba y le hacía señas, el índice levantado, balanceándose hacia un lado y otro , era la seña del “NO”.