6 de febrero de 2014

Guerra Malvinas. Buque “ALMIRANTE STEWART”. Jorge Muñoz

CAPITULO III
Tareas de apoyo
                 .Almirante Stewart
                 .Yaktemy
                 .Servicio de Prácticos
                 .La defensa del Río de la Plata
                 .Piloto Alsina

“ALMIRANTE STEWART”

       La recuperación de las Islas Malvinas del 2 de abril de 1982 por parte de nuestras Fuerzas Armadas había repercutido fuertemente en el orden internacional y sus consecuencias se iban a conocer muy pronto.

       El 17 de abril a pedido del Secretario de Relaciones Exteriores Británico Francys Pym, los países de la Comunidad Económica Europea (CEE), impusieron severas sanciones económicas a Argentina, las cuales estuvieron sintetizadas en un embargo y bloqueo comercial. Se trataba de un boicot a las exportaciones e importaciones que entre las diversas medidas restrictivas de orden comercial incluía un embargo sobre venta de armas a nuestro país mientras durara el conflicto. Y si bien más adelante Irlanda e Italia se opusieron a que esta sanción se prolongara por tiempo indefinido se trató de un duro golpe a la necesidad prioritaria que tenían los Mandos Militares argentinos de abastecerse en defensa de nuestro territorio.



       En tanto Inglaterra no padecía necesidades logísticas, pues recibía un apoyo militar irrestricto por parte de Estados Unidos, el Gobierno Argentino se lanzó no sólo a la búsqueda de apoyos diplomáticos sino también en procura de proveerse de pertrechos militares.

       La firme repulsa de los países latinoamericanos a la agresión británica expresada ante los foros internacionales bajo los términos de repudio de la América Latina frente a la ofensiva guerrerista de Gran Bretaña contra el continente  sudamericano” tuvo sus efectos más prácticos en el ofrecimiento incondicional de varios países, entre ellos Perú y Cuba, de proveernos de elementos bélicos y toda otra ayuda necesaria. En el caso muy particular de Brasil, el Jefe del Gabinete militar de éste país, General Danilo Venturini, manifestó que su país reconocía, desde 1833, la soberanía Argentina, sobre las Islas Malvinas y como reafirmación de lo expresado, el Ministerio de Aeronáutica de ese país cedió en arriendo dos aeronaves de patrullaje marítimo EMBREAR- 111 (Bandeirantes). Finalmente para el 25 de abril la actividad privada comercial brasileña decidió romper el bloqueo de la CEE a la Argentina y anunció que estaba preparada para operar en ventas trianguladas. A esa decisión el gobierno brasileño dijo:”en el Brasil el Estado no controla el comercio privado”.

       Así también otros países, fuera de América, iban a seguir brindando sus servicios comerciales con Argentina, especialmente en el rubro armamentos.

       Con tal motivo nuestro gobierno ordenó diversos vuelos a países del continente latinoamericano que fueron cumplidos por aeronaves comerciales de Aerolíneas Argentinas, con tripulación civil, quienes trajeron material bélico para nuestras Fuerzas Armadas. Entre esos vuelos figura el realizado el 25 de mayo a Lima, a bordo del Boeing 707 LV-JGR con la tripulación de los comandantes Carlos Gutiérrez Morchio, Carlos Lefrevre y Rubén Cudicio.
  
       Dentro y fuera del continente se recibieron ofrecimientos para abastecernos de pertrechos de guerra por parte de los 77 países de la UNESCO , no alineados o ligados al Pacto de Varsovia y también de otros que actuaron con criterio independiente. Por su parte países con quienes tradicionalmente teníamos fluido tráfico comercial de armamentos, Israel, Italia, y África del Sur, decidieron continuar con las transacciones acordadas. En el caso de África del Sur, este país negó que durante la guerra estuviera enviando mísiles y repuestos para aviones de combate Mirage a  la Argentina. El Gobierno sudafricano dijo que:”permanecía neutral” y que “solo estaba cumpliendo con sus contratos de provisión de armas a Argentina pero que las mismas no estaban destinadas a ninguna batalla específica”. Luego aclaró que ”no confirmamos ni desmentimos negocios de armas por razón de principios”. Agregando “Sudáfrica sólo garantizó a Gran Bretaña que no venderá a la Argentina mísiles Exocet”. La venta de los mísiles “Gabriel” y de repuestos para aviones Mirage y cohetes mar – mar Scorpion, a Buenos Aires fue publicada por el diario “The Star” de Johannesburgo y señalaba que el material, en cantidad de 48 toneladas, estaba depositado, según la Agencia noticiosa ANSA en un avión carguero uruguayo de la empresa Aero-Uruguay, marcado como componentes para tractores, estacionado en el aeropuerto de la Ciudad del Cabo.

       A fin de dar cumplimiento a los contratos previos de provisión de armas en un convenio que desde hacía casi diez años mantenían los gobiernos de Argentina e Israel, nuestro país dispuso diversos vuelos con objeto de recibir en el menor tiempo posible los pertrechos y repuestos que más urgente precisaba. Con tal motivo fueron enviados a Israel dos aviones cargueros de Aerolíneas Argentinas con tripulación de la Empresa. El primero partió de Ezeiza el 7 de abril tripulado por los Comandantes Ramón L. Arce, Gustavo de Gainza, Héctor Brutti y Jorge Minuzzi y arribó a Tel Aviv al día siguiente, donde procedió a embarcar el material consignado, que lograron traer a Palomar sin problemas. Dos días más tarde otra aerolínea similar realizó el mismo periplo con los Comandantes Carlos Lefevre, Jorge Prelooker, Horacio Botte y Norberto Feo. Otros ofrecimientos, esta vez por parte del Gobierno Libio por supuesto no fueron rechazados y con objeto de hacerlos efectivo se realizaron cuatro vuelos con aviones de la misma línea estatal. El primero de ellos se cumplió el 27 de mayo a cargo de los Comandantes de línea: Luis T. Cuniberti, Norberto Feo, Juan Lombardini y los Técnicos de vuelo Oscar Morandet y Norberto Cobelo. El segundo vuelo se concretó dos días después con el concurso de los Comandantes de Aerolíneas: Leopoldo Arias, Enrique Busch, Juan Carlos Ardall y Rafael Pichiello, más el Comisario Carlos Bernard. El tercer desplazamiento se efectuó entre el 3 y 6 de junio con los Comandantes Gezio Bresciani, Luis Giordano, Hilario Moglia, Jorge Aydar Paz, el Técnico de Vuelo Julio Lafuente y el Comisario Florencio Molina Campos.

        El último viaje tuvo lugar entre los días 6 al 9 de junio con un Boeing 707 que partió de Ezeiza al mando de los Comandantes Juan Carlos San Juan, Mario Bernard, y Valentín Biro. En cada uno de estos viaje ingresaban a las bodegas de las aeronaves  entre 35 y 20 toneladas de armamentos, especialmente lanza cohetes SAM 6 y 7.

       Sin embargo, y pese a la importancia y celeridad de estos envíos aéreos el mayor volumen de los ingresos de material bélico a nuestro país se concretó por vía marítima. Si bien para el traslado de elementos bélicos procedentes especialmente de Italia e Israel se contó en algunos casos con barcos privados como el Carla II con bandera panameña cuyos armadores eran dos argentinos, fue el buque motor Almirante Stewart de la Empresa Estatal ELMA, la unidad que completó los volúmenes más importantes de carga bélica a través de una prolongada tarea desarrollada en el lapso de diez años.
       El Almirante Stewart que durante el conflicto cumplió el doble papel de transporte logístico y misión de inteligencia, estuvo al comando del Capitán de Ultramar Juan Pablo Martín Ledesma, un avezado y reconocido profesional que había cumplido el Curso de Conducción de Barcos Mercantes en tiempo de Guerra y llevaba realizado tres viajes por año, especialmente a Israel e Italia entre los años 1968 al 78. En dichos viajes, además, por intercambio comercial de otras cargas, tocaba por lo general los puertos de Génova, Livorno, Nápoles, Venecia e Izmir (Esmirna).
       El Capitán Martín Ledesma recuerda perfectamente ese primer e importante embarque de 1968 en el puerto de Ashdod, de una gran cantidad de aviones caza Dagger A-M5 versión israelí del Mirage, que fueron estibados cuidadosamente en las bodegas de su buque. Posteriormente vendrían otros embarques similares a los que se adicionarían, repuestos, bombas, radares, y demás pertrechos bélicos. Estos viajes también iban a ocasionar problemas al Almirante Stewart, tal como ocurrió en noviembre de 1978 cuando regresando de los puertos de Haifa y Ashdod con un cargamento de armas y municiones, fue asaltado en el puerto de La Luz, Canarias, por un grupo de hombres que se acercaron en tres lanchas, las cuales se abarloaron al costado del buque con el fin de robar el material que portaba en los contenedores estibados sobre cubierta. El intento de robo, que fue rechazado por la eficaz acción de los tripulantes del carguero, según hipótesis de las autoridades canarias, pudo deberse a la obra de un grupo independentista denominado MPAIAC ( Movimiento para la Autodeterminación y la Independencia de las Islas Canarias) o quizás a alguna de las bandas delincuentes que operaban habitualmente en ese puerto.

       El mismo día que Argentina recuperó las Malvinas el Almirante Stewart se encontraba cumpliendo el viaje n° 66 y de acuerdo a su itinerario habitual zarpó del puerto de Nápoles rumbo a Venecia, donde arribó dos días después.

        Cuatro días  más tarde volvió a partir, esta vez para dirigirse al puerto israelí de Ashdod –al sur de Tel Aviv-, donde regularmente cargaba armamentos consignados a las Fuerzas Armadas de nuestro país.

       Ya haya sido a que nuestra motonave no pertenecía a la NATO, o debido a que los israelíes no podía olvidar que su ejército clandestino llamado “Hagana”, tuvo que luchar hasta 1947, contra los ingleses que ocupaban su territorio desde 1917 o quizá porque los negocios debían continuar, lo cierto es que Israel mantuvo un criterio muy particular e independiente respecto al conflicto con Malvinas y no tuvo empacho en hacérselo saber al mundo.

       Al respecto fuentes militares de Israel habían afirmado que “Inglaterra no tenía derecho a exigir a éste país  (Israel) que no vendan armas y municiones a la Argentina , a menos que ella  (Inglaterra) deje de hacer lo mismo con los enemigos de ese Estado”. Esta aseveración se debía seguramente a que Inglaterra había puesto en peligro la seguridad de Israel al vender centenares de tanques Cheiftain a Jordania.

       Los israelíes aseguraron que su país no tomaría partido ante la crisis anglo- argentina por las Malvinas, pero cumpliría todos los contratos existentes, pues consideraba que Inglaterra también había vendido armas a la Argentina , e Israel se guiaba por los mismos criterios. “La exigencia del Foreing Office limita con la hipocresía ya que Inglaterra hace esfuerzos por vender sistemas militares avanzados a los enemigos de Israel”. Esto estaba referido a la venta de armas inglesas a todos los países enfrentados con Israel y también a que no podían olvidar ni perdonar que ( el día del perdón Hebreo) en 1973 cuando Egipto y Siria atacaron el Sinaí y el Golán, el Gobierno inglés impidió el envío de equipos médicos a Israel.

       El 12 de abril el Almirante Stewart arribó a Ashdod. En el lugar el Capitán Martín Ledesma recogió el pensamiento de las autoridades del puerto quienes no creían en un conflicto prolongado en Malvinas. Sin perjuicio de ello la preocupación del Gobierno israelí radicaba en una visión muy particular acerca de la pérdida de vidas humanas y en tal sentido su ministro de defensa, Ariel Sharón había expresado que “soldados judíos, al servicio de Gran Bretaña y de la Argentina , están combatiendo entre sí en una guerra que no es la suya”.

       Completada la carga de material bélico, el Almirante Stewart zarpó nueve días después hacia el puerto turco de Izmir, del cual partió el día 29. Tal como hacía habitualmente se dirigió a la Base Naval Militar italiana de Talamone, al sur de la Toscana, donde debía cargar pertrechos bélicos, especialmente torpedos, bombas y alguna embarcación menor destinada a nuestra Armada. Cumplido ese trámite se dirigió de acuerdo al itinerario fijado al puerto de Río de Janeiro. En el transcurso de esa etapa el Capitán Martín Ledesma recibió un mensaje cifrado de su empresa, a través del cual la Armada solicitaba se desviara a las cercanías de la Isla Ascensión y posteriormente a la isla Trinidad con objeto de tratar de avistar elementos de la Flota inglesa que en esos días se dirigía a la zona de Malvinas y cuyo núcleo principal se encontraba en algún lugar del Atlántico meridional.
   
       Para cumplir con lo ordenado el Almirante Stewart corrigió su rumbo y al cabo de cinco días llegó a escasas millas de Ascensión donde no logró advertir la presencia de naves de guerra de gran porte. Luego tratando de orientarse hacia la ruta que supuestamente debían haber tomado los barcos de la flota inglesa, el carguero argentino trazó un rumbo sudoeste en una marcha zigzageante hasta que logró tomar contacto visual y por radar de diversas naves de apoyo, petroleros, transportes, etc, que se dirigían raudamente al sur en dirección a Malvinas para asistir a los barcos de la Armada británica que habían tomado ventaja.

       Luego de un tiempo prudencial y procurando no llamar la atención por sus desplazamientos un tanto inusuales, el carguero se dirigió a la Isla Trinidad, un enclave solitario de Brasil en medio del Atlántico ubicado a la altura de Belo Horizonte. Tras circunvalar la isla donde se comprobó que no había actividad naval, el carguero argentino siguió su marcha rumbo a Río de Janeiro donde arribó el día 17. previo a ello comunicó en mensaje cifrado a su base de Buenos Aires las novedades que había registrado en su periplo como elemento de inteligencia.

       El 23 de abril el Almirante Stewart arribó al puerto de la Plata donde procedió a descargar los elementos que transportaba. Doce días más tarde zarpó nuevamente para completar un nuevo viaje, el número 67, de similares características al anterior. Cuatro días después de salir de Santos rumbo a Valencia recibió la noticia que se había producido un “alto el fuego” en Malvinas con un resultado adverso para nuestras Fuerzas. Con el pesar de sus tripulantes por ese desenlace casi imprevisto, el barco continuó navegando para completar su viaje. El 17 del mes siguiente, después de tocar varios puertos italianos se dirigió nuevamente al puerto israelí de Ashdod, donde completó su carga de materiales de guerra. Desde allí, tal como lo hacía habitualmente se dirigió a la Base Naval de Talamone, al concluir el embarque de elementos bélicos se dirigió a Buenos Aires donde finalmente arribó el 9 de julio. Para ese entonces hacía casi un mes que había finalizado la guerra de Malvinas.


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